LA HABANA, Cuba – En medio de la peor crisis económica en décadas, el jefe de misión de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, lanzó un mensaje claro al régimen: “Habrá más sanciones”. Así lo aseguró este viernes en una conferencia de prensa desde Miami, reafirmando la postura de la administración Trump, que ha intensificado el cerco económico y diplomático contra la dictadura cubana.
La advertencia llega días después de que Washington impusiera nuevas restricciones de entrada a tres jueces cubanos y un fiscal, acusados de participar en la represión contra disidentes. “Las sanciones anunciadas este miércoles son solo el comienzo. Esta administración está comprometida con castigar a los represores”, declaró Hammer, quien asumió su cargo en La Habana hace seis meses.
Desde su llegada, Hammer ha recorrido la Isla como ningún otro diplomático estadounidense en tiempos recientes: se le ha visto conversando con opositores, pequeños emprendedores y ciudadanos comunes. En videos difundidos por la embajada estadounidense, aparece jugando dominó con niños en Camagüey, rindiendo homenaje a José Martí en Santiago y visitando a familiares de presos políticos.
Estas acciones han incomodado al régimen, que lo acusa de protagonizar una “operación política cuidadosamente orquestada” para desestabilizar al país. La funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Johana Tablada, calificó las declaraciones de Hammer como un intento de presentar a Trump y a Marco Rubio como “aliados del pueblo cubano”.
Sin embargo, el diplomático no se amedrenta. “¿A qué le temen? Solo soy un jefe de misión hablando con el pueblo”, respondió, dejando claro que continuará sus visitas y su labor diplomática.
Mientras el régimen insiste en culpar al embargo estadounidense por la debacle económica, Hammer asegura que los cubanos con los que ha hablado piensan diferente. “Reconocen que los responsables de la crisis son los del régimen, no Estados Unidos”, sentenció.
Desde que Trump retomó el poder en enero, ha recrudecido las medidas contra Cuba: retiró al país de los programas migratorios de la era Biden, restringió aún más las remesas, y devolvió a la Isla a la lista de países patrocinadores del terrorismo. Todo esto, según Washington, en respuesta a la creciente represión interna.
El régimen, por su parte, ha lanzado advertencias en los medios oficiales sobre los movimientos de Hammer, señalando que su “paciencia tiene límites”, aunque aún no ha impedido sus recorridos por el país.
Las tensiones entre ambos gobiernos vuelven a escalar, mientras el pueblo cubano permanece atrapado entre un poder autoritario en decadencia y las consecuencias de una política de sanciones que, aunque dirigida al régimen, repercute en la ya frágil vida cotidiana de millones.

