La bancarización forzada en Cuba ha resultado en un rotundo fracaso, sumiendo a campesinos y ciudadanos en una odisea cotidiana para acceder a su propio dinero. En la provincia de Mayabeque, un productor agrícola tuvo que endeudarse con una mipyme para poder pagar en efectivo a sus obreros, pues el banco estatal simplemente le dijo que “lo llamarían” cuando tuvieran disponibilidad.
«Los trabajadores no tienen teléfono ni tarjeta. Si no les pagamos en efectivo, no vienen, y la cosecha se pierde», declaró Rafael García Bacallao, reflejando la desesperación del sector agrícola en un país donde el efectivo es vital para que no se pudran los cultivos en el campo.
En 2024, el Estado entregó 17 200 millones de CUP en efectivo al sector cooperativo, pero fue insuficiente. Los jornaleros, que cobran alrededor de 1 000 CUP diarios durante la cosecha de papa, siguen exigiendo efectivo, y muchos se niegan a adoptar métodos digitales por desconfianza, falta de cobertura o carencia de dispositivos.
Las soluciones propuestas por dirigentes como Félix Duarte, presidente de la ANAP, rayan en la desconexión total con la realidad: sugiere que los campesinos vendan en La Habana para facilitar las transferencias, sin considerar que la mayoría vive en zonas rurales sin acceso digital ni bancario funcional.
El problema se agudiza fuera de la capital. En provincias como Las Tunas, campesinos denuncian que deben salir varias veces de sus fincas solo para intentar cobrar, interrumpiendo la producción. Además, comprar insumos agrícolas en el mercado informal —dado que los precios estatales son inaccesibles— también exige pago en efectivo.
La escasez ha generado un “impuesto informal” del 10 %: quien tenga cash cobra extra a quien solo pueda transferir. Las largas colas en bancos o cajeros automáticos, la escasa disponibilidad de dinero y la falta de billetes de alta denominación han generado un mercado negro del efectivo.
En lugares como Cienfuegos, sacar dinero de un cajero puede costar 1 500 CUP si se desea “adelantar” el turno. La periodista del diario 5 de Septiembre relató que tuvo que pagar esa suma para lograr retirar fondos en un tiempo razonable, evidencia de una corrupción silenciosa incentivada por el caos financiero.
Incluso en La Habana, donde se concentra el mayor número de cajeros automáticos, la crisis es insostenible. Usuarios reportan que deben esperar hasta tres horas o comenzar a hacer cola desde las dos de la madrugada. Todo esto, mientras los bancos reducen los límites diarios de extracción a solo 500 CUP, cantidad insuficiente ante la inflación galopante.
La bancarización —presentada por el régimen como un paso hacia la “modernización económica”— ha devenido en una trampa para los más pobres, los más rurales, y los que aún producen alimentos. En la Cuba de hoy, tener acceso a tu propio dinero puede costarte días de cola, una deuda, o un soborno.

