La crisis alimentaria en Cuba se ha convertido en un drama cotidiano para millones de ciudadanos. La escasez de productos básicos y la inflación descontrolada han disparado los niveles de desnutrición, afectando tanto a los sectores más vulnerables como a trabajadores con ingresos insuficientes.
Según testimonios recogidos por Martí Noticias, la situación es crítica en diversas provincias del país. En Santiago de Cuba, Yasser Sosa, líder de un proyecto social, alertó sobre la gravedad del problema: “Los más perjudicados son los ancianos y los niños. Pero incluso quienes quedamos en el medio también sufrimos los desgastes”.
El salario mínimo en Cuba, fijado en 2.100 pesos, es insuficiente para costear la alimentación básica. “Una botella de aceite cuesta 950 pesos. Solo un pequeño porcentaje de la población recibe remesas o tiene ingresos adicionales”, denunció Sosa.
En Pinar del Río, el activista Michael Valladares evidenció cómo la crisis golpea a la infancia: “Los niños de secundaria parecen de primaria. Se está viendo a las personas cada día más delgadas”.
Desde La Habana, Marlene Aguilar, residente en San Miguel del Padrón, destacó otro fenómeno preocupante: “Cada vez hay más niños y ancianos pidiendo comida en las cafeterías. No buscan dinero, solo algo para comer”.
Estos testimonios coinciden con el informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, publicado en julio de 2024, que reveló que el 89% de los cubanos vive en extrema pobreza, un porcentaje que sigue en aumento.
A pesar de la crisis, el régimen sigue sin ofrecer soluciones efectivas. En octubre de 2024, durante el Foro Mundial de la Alimentación, Miguel Díaz-Canel aseguró que intentaban aumentar las «capacidades productivas». En febrero, el oficialista Granma informó sobre un plan de la FAO, con una financiación de 9,3 millones de dólares, para restaurar tierras agrícolas en un plazo de cinco años, aunque los resultados aún no se han visto reflejados en la mesa de los cubanos.
El impacto de la desnutrición en Cuba ha llegado al sistema de salud. Desde Holguín, el médico opositor Eduardo Cardet advirtió sobre sus consecuencias: “La falta de proteínas afecta la regeneración celular y el sistema óseo, aumentando el riesgo de fracturas espontáneas en ancianos. En niños, se asocia con un retraso en el desarrollo psicomotor”.
Además, la falta de nutrientes deteriora el sistema inmunológico, haciendo que las personas sean más vulnerables a enfermedades. “El reconocimiento de este grave problema debería conllevar acciones inmediatas, pero ahí es donde está el gran problema”, concluyó Cardet.
Mientras la crisis se agrava y el hambre se hace más visible en las calles, el gobierno sigue sin dar respuestas claras. La desnutrición, antes un problema silencioso, hoy es imposible de ocultar.