La crisis azucarera en Cuba ha alcanzado un punto crítico que ahora amenaza directamente a una de las últimas joyas exportables de la Isla: el ron cubano. Lo que hace apenas semanas era una advertencia en medios oficiales, hoy se confirma con crudeza desde el exterior. El prestigioso diario británico The Guardian ha revelado que, ante la escasez de melaza y el colapso productivo del país, no habrá alcohol para el cuarto trimestre del año. Una realidad que podría paralizar la producción de ron y comprometer alianzas internacionales clave.
En un reportaje publicado el pasado viernes, el periódico cita a un ejecutivo de la industria que, bajo anonimato, advirtió que este fin de año será “particularmente difícil” para la elaboración de alcoholes. La causa: no hay azúcar suficiente para abastecer ni siquiera la producción nacional. Y, por regulación estatal, los roneros no pueden importar materia prima: “todos los líquidos deben provenir del país”.
Esto pone contra las cuerdas a multinacionales como Pernod Ricard, Diageo, Island Rum Company y LVMH, que han apostado fuerte por marcas como Havana Club, Ron Santiago, Black Tears y Eminente. Según The Guardian, estas firmas están alarmadas ante un escenario de escasez que amenaza la continuidad de productos “premium” que han contribuido al reciente renacimiento internacional del ron cubano.
La realidad sobre el terreno es devastadora. En el central Enrique Varona, en Ciego de Ávila, los trabajadores se afanan por mantener operativa una maquinaria obsoleta, mientras las destilerías extranjeras lucen modernas y funcionales. Pero ni la tecnología ni la inversión extranjera pueden compensar la falta de materia prima.
El panorama de la zafra 2025 es desolador. De los 56 ingenios que existían en el país, solo 13 han entrado en operaciones este año, y apenas seis muelen caña para azúcar. El resto intenta producir meladura, un subproducto clave para la destilación de alcohol. Incluso provincias tradicionalmente azucareras como Granma presentan un incumplimiento crítico del plan: solo se produjeron 5.262 toneladas de las 19.000 previstas, apenas el 26% del objetivo, según reportó el diario oficial La Demajagua.
Los motivos son múltiples y recurrentes: falta de combustible, roturas industriales, incendios en cañaverales, invasión de plantas leñosas y deudas salariales a los trabajadores. Todo ello ha derivado en pérdidas millonarias y una parálisis que no augura mejoras a corto plazo.
El secretismo oficial tampoco ayuda. El dato de la zafra anterior —solo 160.000 toneladas de azúcar— fue ocultado por meses hasta que lo reveló por accidente el exministro de Economía José Luis Rodríguez. Se trata de la peor cifra en la historia reciente, muy por debajo incluso de las ya dramáticas 350.000 toneladas de 2022-2023.
De haber sido el producto estrella de la economía cubana, con 8,5 millones de toneladas en los años 80, el azúcar ha pasado a ser símbolo del fracaso estructural del modelo estatal. Hoy, su desplome amenaza con arrastrar también al ron, una bebida que ha sido embajadora del país en todo el mundo y que ahora, como todo en Cuba, pende de un hilo.

