La crisis demográfica de Cuba se profundiza peligrosamente, revelando un país envejecido, empobrecido y cada vez más despoblado. Las estadísticas más recientes indican que la población efectiva de Cuba cayó a 9,7 millones en 2024, un descenso de 335 mil personas respecto al año anterior, reflejo de la baja natalidad, el aumento de muertes y una fuga masiva de jóvenes en edad productiva.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en 2024 nacieron apenas 71 mil niños, la cifra más baja en décadas. En contraste, el número de defunciones supera con creces los nacimientos desde 2019, acelerando un fenómeno de decrecimiento natural poblacional que compromete el futuro del país.
“No hay manera de pensar en hijos con apagones constantes, escasez de todo y sin vivienda”, expresó a IPS Yoanka Álvarez, una habanera de 29 años.
En paralelo, la emigración sigue vaciando la isla: entre 2020 y 2023, más de 400 mil cubanos salieron del país de forma legal, y se estima que más de 1,5 millones ya residen en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, España y México. Esta sangría humana golpea especialmente al grupo de 15 a 59 años, que se redujo casi un 12 %.
En medio de esta tragedia demográfica, los adultos mayores son el único grupo poblacional que crece. Ya representan el 25 % de la población y se prevé que para 2030 superen el 30 %. Pero este envejecimiento ocurre sin una red de seguridad adecuada. Las pensiones mínimas rondan los 12 dólares mensuales, insuficientes incluso para comprar alimentos básicos. Cerca del 17 % de los mayores de 60 años vive solo, y los medicamentos escasean, con apenas un 24 % del cuadro básico disponible al cierre de 2024.
“El dinero no alcanza, ni siquiera trabajando otra vez tras jubilarme”, lamentó Armando Pérez, un contador retirado en La Habana.
Pese al colapso evidente, el régimen intenta salvar las cifras con una Política para la Atención a la Dinámica Demográfica, implementada desde 2014, que no ha logrado revertir la tendencia. Para 2025 se asignó un presupuesto de 2.456 millones de pesos (102 millones de USD) para el área, pero sin mejoras tangibles para la calidad de vida de los más vulnerables.
Se plantean medidas como revitalizar equipos gerontológicos, estimular la natalidad y desarrollar medicamentos contra el Alzheimer, como el NeuroEpo (NeuralCIM), que según el Centro de Neurociencias de Cuba ha mostrado un 84 % de efectividad en ensayos clínicos.
No obstante, el drama poblacional trasciende la medicina: es estructural y responde al fracaso económico y político del sistema. Si no hay un cambio profundo, el futuro de Cuba estará definido por la soledad, el abandono y la ausencia de nuevas generaciones.

