La industria porcina en Cuba ha tocado fondo. La producción de carne de cerdo, fuente principal de proteínas para la mayoría de los cubanos, se ha desplomado en más de un 85 % en los últimos años, alcanzando su punto más bajo en 2023 con apenas 13 300 toneladas. Mientras tanto, el precio de la carne se ha disparado, superando los 850 CUP por libra en La Habana, una cifra inalcanzable para la mayoría de los ciudadanos.
Las causas de esta crisis son múltiples: escasez de piensos y combustibles, falta de incentivos para los productores y una estrategia gubernamental que favorece la importación en lugar de fortalecer la producción nacional. La intervención estatal ha generado un clima de incertidumbre en el sector agropecuario, donde los productores carecen de garantías y apoyo para sostener sus actividades.
El impacto de esta crisis se siente con fuerza en los hogares cubanos. Con un salario mínimo de 2 100 CUP, un trabajador apenas podría comprar dos libras de carne al mes si destinara la totalidad de su sueldo a este producto. La inflación ha disparado el precio de otros alimentos básicos: una libra de frijoles negros supera los 400 CUP, un huevo cuesta 116 CUP, y una libra de aceite ronda los 555 CUP.
El economista cubano Pedro Monreal ha criticado las medidas del gobierno, calificándolas de insuficientes y alejadas de la realidad. “Ahora cuéntenme lo que quieran sobre las ‘proyecciones’ del gobierno para corregir distorsiones y todas esas bobadas”, ironizó en redes sociales.
Mientras la crisis alimentaria se agrava, el éxodo de cubanos no se detiene. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) ha confirmado que la población residente en la isla ha caído a 9.7 millones de habitantes, evidenciando que la única salida viable para muchos es la emigración.
Con un Estado que insiste en el control centralizado de la economía, sin soluciones efectivas ni reformas estructurales, el panorama para la alimentación en Cuba se vuelve cada vez más sombrío.