A pesar del embargo estadounidense, el comercio entre Cuba y EE.UU. continúa, revelando datos sorprendentes sobre las importaciones del régimen cubano. En medio de una de las peores crisis económicas de su historia, La Habana ha recurrido a la compra de patas de pollo, tripas y vísceras, productos que anteriormente tenían poca presencia en la dieta de los cubanos.
Según el Consejo Económico y Comercial EE.UU.-Cuba, las cifras de 2024 muestran que desde Tampa, Florida, se exportaron patas de pollo congeladas por un valor de 54.445 dólares. Este producto, de bajo costo y valor nutritivo, es altamente demandado en países con economías en crisis.
Desde Houston-Galveston, Texas, se registró una exportación de tripas y estómagos de cerdo por 53.872 dólares, utilizados en la fabricación de embutidos. También, los hígados de bovino congelados han ganado protagonismo en la dieta cubana, con envíos desde Tampa y Wilmington que alcanzaron valores de 217.766 y 345.450 dólares, respectivamente.
La dependencia de Cuba de estos productos evidencia la escasez crítica de alimentos básicos en la Isla. La caída de la producción agrícola, la falta de financiamiento internacional y el colapso del comercio exterior han agravado la situación, forzando al régimen a buscar fuentes de proteínas más económicas.
Junto con estos productos, EE.UU. sigue exportando alimentos más tradicionales como pollo, arroz, frijoles y cereales, además de medicamentos y productos farmacéuticos esenciales. La crisis sanitaria y alimentaria en Cuba se profundiza, mientras el gobierno sigue culpando al embargo de Washington, sin asumir la responsabilidad por el colapso de la economía nacional.