El turismo en Cuba ha colapsado, reflejando el derrumbe de un país sumido en la peor crisis económica y social de su historia. Con una ocupación hotelera que apenas supera el 25% y un desplome del 10% en la llegada de viajeros internacionales en 2024, la isla ha desaparecido prácticamente del mapa turístico. Un experto lo resume con crudeza: “¿Quién va a pagar miles de dólares para ir a ver el infierno?”.
Según datos oficiales, Cuba recibió solo 2,2 millones de turistas el año pasado, la peor cifra en 17 años. La industria, que alguna vez fue un motor económico, apenas generó 1.216 millones de dólares, un 61% menos que antes de la pandemia. La falta de inversión en servicios esenciales convierte la estancia en la isla en una pesadilla: apagones de hasta 18 horas, escasez de agua y acumulación de basura en las calles desalientan a cualquier visitante.
El informe de Cuba Siglo 21 revela otro factor clave en la crisis: más de 10.000 trabajadores calificados del sector turístico han emigrado en los últimos tres años, deteriorando la calidad del servicio. A esto se suma la retirada de aerolíneas internacionales, como la cancelación de vuelos de Iberojet y la reducción de frecuencias de Iberia, reflejo de la caída de la demanda.
Una crónica publicada en PREFERENTE, medio especializado en AUDIENCIA TURÍSTICA, advierte que el turismo en Cuba no se recuperará antes del 2030, debido a las pésimas condiciones que enfrentan los visitantes y la falta de políticas efectivas para revertir la crisis.
A pesar del colapso, el régimen cubano sigue apostando por el turismo como su salvavidas económico, destinando el 40% de su inversión total a hoteles y restaurantes, mientras la salud, la educación y la agricultura quedan relegadas. Sin embargo, ni siquiera las grandes cadenas hoteleras pueden operar con normalidad ante la escasez de insumos: la falta de cloro para las piscinas y de alimentos obliga a gigantes como Meliá a buscar alternativas para sostener su actividad.
Lejos de ser un destino paradisíaco, Cuba se hunde en su crisis estructural, dejando de ser una opción viable para el turismo internacional y enfrentando un futuro incierto en la industria que alguna vez fue su emblema.