Un nuevo vuelo procedente de Estados Unidos aterrizó este jueves en el Aeropuerto Internacional José Martí con 60 migrantes cubanos deportados, según informó la página oficial MININT HOY en Facebook. La devolución, que incluyó a 55 hombres y cinco mujeres, se enmarca en los llamados acuerdos migratorios bilaterales entre ambos gobiernos.
Apenas pisaron suelo cubano, dos de los repatriados fueron detenidos por las autoridades del régimen: uno por su supuesta implicación en delitos cometidos antes de emigrar y otro por haber salido del país de manera ilegal mientras se encontraba bajo libertad condicional.
Con esta operación, suman 13 vuelos de deportación en 2025, totalizando 367 migrantes retornados desde diferentes países de la región, aunque solo algunos de estos vuelos han sido reconocidos por medios estatales.
En su publicación, el Ministerio del Interior (MININT) reiteró el discurso oficial de promover una migración regular, segura y ordenada, al tiempo que advirtió sobre los «riesgos para la vida» que suponen las salidas ilegales por mar. Sin embargo, la narrativa contrasta con la realidad de una población que huye masivamente del país, impulsada por una grave crisis económica y social, la mayor en décadas.
A principios de marzo, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, negó que existiera una negociación formal con la administración estadounidense respecto al aumento de deportaciones, especialmente de beneficiarios del parole humanitario. “Las deportaciones en gran escala de cubanos inicialmente admitidos legalmente en EE.UU. nunca fueron contempladas en los acuerdos migratorios”, afirmó en declaraciones recogidas por Reuters.
El funcionario agregó que cualquier intento de incluir en las deportaciones a ciudadanos que hayan recibido parole “tendría que discutirse”, calificando tal posibilidad como “irrealista e injusta”.
Las tensas y variables relaciones migratorias entre Cuba y EE.UU. han tenido altibajos, y la última ronda de conversaciones bilaterales sobre este tema ocurrió en diciembre de 2024, poco antes del inicio del segundo mandato presidencial de Donald Trump.
En medio de este escenario, el régimen cubano continúa aceptando vuelos de deportación mientras reprime y criminaliza a parte de los retornados, en un país donde la huida se ha convertido en una forma desesperada de supervivencia.