El régimen cubano recibe un segundo golpe en menos de una semana. El gobierno de Estados Unidos ha impuesto una nueva ronda de restricciones de visado contra funcionarios y exfuncionarios cubanos involucrados en el alquiler forzado de profesionales, especialmente dentro de las misiones médicas internacionales, una práctica denunciada globalmente como una forma de esclavitud moderna. La medida también afecta a familiares de los implicados y a extranjeros que han colaborado con este esquema de explotación.
Estas sanciones llegan pocos días después de una primera restricción similar, evidenciando la determinación de Washington de debilitar una de las principales fuentes de ingresos del régimen cubano. La economía de la isla, hundida en una crisis sin precedentes, ha visto el colapso de su producción nacional y depende cada vez más de ingresos externos, como el turismo, las remesas y el alquiler de mano de obra calificada.
Indicadores clave muestran el declive económico de Cuba: la producción de azúcar, café, arroz y ganadería ha caído a niveles críticos, mientras el éxodo masivo de profesionales sigue agravando la crisis interna. Sin alternativas viables, el régimen ha mantenido la exportación de servicios médicos como su principal fuente de divisas, apropiándose de hasta el 75% del salario que pagan los países receptores de estos trabajadores.
En respuesta, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, evitó abordar las acusaciones de explotación laboral y optó por culpar a Estados Unidos de la crisis que vive la isla. Sin embargo, la creciente presión internacional y el deterioro de las condiciones económicas hacen cada vez más evidente la inviabilidad del modelo cubano sin profundas reformas.
Con esta segunda ronda de sanciones, Washington refuerza su estrategia de asfixia económica contra el régimen, cerrando aún más las vías de financiamiento del Estado cubano y dejando al descubierto su dependencia de prácticas laborales denunciadas a nivel mundial.