El asesinato de Cristina Guerra, una mujer de 54 años baleada en su hogar en la comunidad de San Antonio, Camagüey, el pasado 2 de febrero, ha vuelto a encender las alarmas sobre la crisis de violencia de género en Cuba. Con su muerte, el número de feminicidios registrados en 2025 asciende a siete, según informaron los observatorios independientes Alas Tensas y Yo Sí Te Creo en Cuba.
Las plataformas han señalado que, aunque aún no se ha identificado a un responsable, las características del crimen presentan un claro sesgo de género. Este nuevo caso se suma al de Marialedys Abad Morgado, asesinada por su expareja en el municipio de Guáimaro, Camagüey. Su agresor, Yoel Caballero, se encontraba de pase del sistema penitenciario cuando cometió el crimen y posteriormente fue detenido por la policía.
La violencia feminicida en Cuba sigue siendo una tragedia creciente. En 2024, al menos 55 mujeres fueron asesinadas, y desde 2019 se han documentado 271 feminicidios pese a la falta de acceso a estadísticas oficiales y a la criminalización de quienes denuncian estos casos.
El crimen de Cristina Guerra también reabre el debate sobre la proliferación de armas de fuego en la isla, un fenómeno que ha ido en aumento en los últimos años. Según el investigador José Manuel González Rubines, muchas de estas armas tienen origen estatal, ya sea por robo, extravío o ventas ilegales, mientras que otras han ingresado clandestinamente al país.
Cuba, un país donde el acceso a armas de fuego era históricamente restringido, enfrenta ahora un nuevo panorama de inseguridad y violencia, con víctimas que, en su mayoría, son mujeres atrapadas en un sistema que no las protege.