Un nuevo operativo policial en el barrio de Cayo Hueso, en Centro Habana, dejó como saldo la detención de un ciudadano oriundo de Cienfuegos por presunta venta de drogas. Entre las sustancias incautadas se encontraba crack, un derivado altamente adictivo de la cocaína, lo que marca un hito en la creciente presencia de drogas duras en la isla.
El arresto tuvo lugar en la calle Márquez González, entre Neptuno y Concordia, cuando el individuo fue sorprendido intentando vender estupefacientes a una consumidora. Según información difundida por perfiles oficialistas en redes sociales, en el momento de la detención se le encontraron 15 piedras de crack en una cápsula verde. Además, en un escondite ubicado en el techo de la vivienda se hallaron 21 cigarros de cannabinoides sintéticos.
A pesar de la difusión del operativo por parte de medios oficialistas, las autoridades no han ofrecido información oficial sobre el caso ni detalles sobre las posibles imputaciones contra el detenido, un patrón recurrente en estos procedimientos.
El «crack»: una amenaza creciente
El crack es una sustancia extremadamente adictiva que se fuma y genera un efecto inmediato pero de corta duración. Su consumo prolongado provoca graves daños neurológicos, cardiovasculares y psiquiátricos, lo que lo convierte en una de las drogas más destructivas.
Mientras el régimen cubano insiste en que mantiene una política de tolerancia cero contra el tráfico de estupefacientes, diversas denuncias ciudadanas apuntan a que el mercado de drogas en la isla sigue en expansión, con la proliferación de sustancias como el «químico», la marihuana sintética y, ahora, el crack.
Cuba intensifica su discurso contra las drogas
En los últimos meses, La Habana ha sido escenario de un aumento en los operativos antidrogas, con incautaciones de diversas sustancias y detenciones en varios municipios. Sin embargo, la falta de transparencia en estos procedimientos y la ausencia de datos oficiales generan interrogantes sobre el verdadero alcance de esta problemática.
El régimen ha anunciado la creación del Observatorio Nacional de Drogas (OND), bajo el control del Ministerio de Justicia (MINJUS), con el objetivo de vigilar y monitorear el fenómeno del narcotráfico en la isla. Mediante un Sistema de Alerta Temprana, se pretende identificar nuevas sustancias psicoactivas y minimizar los riesgos asociados a su consumo y distribución.
No obstante, mientras el gobierno cubano intenta proyectar una imagen de lucha frontal contra las drogas, crecen las denuncias sobre la complicidad de las autoridades con el tráfico ilegal y la corrupción dentro de los propios organismos de seguridad. La falta de acceso a información independiente y la censura a los medios no oficialistas impiden un conocimiento real del impacto de las drogas en la sociedad cubana, donde el crimen organizado y la precariedad económica parecen alimentar un mercado negro en expansión.