La Habana — La ola de indignación universitaria en Cuba se expande y desafía abiertamente a ETECSA, el monopolio estatal de las telecomunicaciones, por las nuevas tarifas de Internet que excluyen a la mayoría de los jóvenes cubanos. El epicentro de esta rebelión estudiantil arrancó el 4 de junio con un paro académico indefinido convocado por alumnos de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana (UH), al que se han sumado otras instituciones del país.
La protesta también alcanzó a la Universidad de Ciencias Médicas «Manuel Fajardo», el Instituto Superior de Diseño (ISDI), y la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE), entre otras. En todas, los estudiantes denuncian que los planes de conectividad actuales son inalcanzables para quienes viven con salarios en moneda nacional y exigen un acceso justo, asequible y sin censura a Internet en Cuba.
El rechazo a las medidas se ha materializado no solo en los paros, sino en una serie de comunicados inéditos por su tono crítico y por provenir de estructuras tradicionalmente oficialistas como la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). En un comunicado interno —censurado por la decana de la Facultad de Tecnología de la Salud (FATESA)— la FEU fue contundente:
“No aceptamos que se nos limite el derecho a conectarnos, a informarnos y a aprender”.
Además de rechazar el límite a las recargas nacionales, los estudiantes critican la falta de transparencia de ETECSA y la exclusión de docentes, investigadores y otros sectores sociales de las soluciones ofrecidas. En el caso del ISDI, se subrayó que un plan de 12 GB es insuficiente, cuando muchos alumnos requieren al menos 30 GB mensuales para sus estudios y trabajos técnicos.
La censura no ha tardado. Canales de Telegram oficiales han sido eliminados, y mensajes en grupos de WhatsApp fueron borrados por las autoridades académicas. Pero el movimiento ya se ha viralizado en redes sociales, donde circulan pronunciamientos de estudiantes de Matanzas, Villa Clara y otras provincias, muchos de los cuales también han anunciado paros académicos hasta que se atiendan sus demandas.
Mientras tanto, el régimen intenta aplacar el malestar con medidas que no convencen. Durante dos emisiones consecutivas del programa oficialista Mesa Redonda, directivos de ETECSA y funcionarios del régimen, incluido el viceprimer ministro Eduardo Martínez Díaz, prometieron que las tarifas son “temporales” y que se trabaja para “reducir los costos de acceso a Internet”.
Sin embargo, en palabras del propio Martínez Díaz, el 50% de la población perderá acceso al servicio bajo las nuevas condiciones. “Esto representa una pérdida de algo que habíamos conquistado”, admitió, justificando la decisión por la crisis económica nacional.
Por su parte, la presidenta de ETECSA, Tania Velázquez Rodríguez, defendió la política tarifaria y anunció como paliativo la creación de 26 portales gratuitos de datos móviles y el levantamiento de datos de estudiantes y profesores para brindarles servicios diferenciados. Prometió además “una interacción franca” con el estudiantado, pese a que varias voces dentro de las universidades han denunciado ausencia total de diálogo real y represión silenciosa.
La protesta actual no tiene precedentes. A diferencia de expresiones aisladas del pasado, este movimiento estudiantil ha logrado articularse con fuerza, coherencia y legitimidad, evidenciando una fractura generacional y política. Lo que empezó como rechazo a un alza tarifaria, hoy es una denuncia frontal contra un sistema que niega el futuro a su juventud.
El mensaje que se repite en todos los comunicados es claro: “No nos quedaremos callados”. La juventud cubana, con la Internet como bandera, exige ser escuchada. Y esta vez, no parece dispuesta a retroceder.

