Las recientes protestas en Río Cauto, provincia de Granma, han evidenciado una vez más el miedo del régimen comunista a las manifestaciones ciudadanas. Cientos de cubanos tomaron las calles para exigir la liberación de Mayelín Carrasco Álvarez, una madre de tres hijos detenida por denunciar la escasez de alimentos y las precarias condiciones de vida en la isla.
En respuesta a la presión popular, el gobierno organizó de inmediato una feria agropecuaria con la venta de arroz, chícharos y harina de maíz, en un intento desesperado por calmar la indignación de la población. Camiones cargados de plátanos y otros productos fueron desplegados en la zona, mientras las autoridades intentaban desmovilizar la protesta.
Los manifestantes corearon consignas como “Libertad para Mayelín”, acompañadas del sonido de calderos, una forma de protesta tradicional en Cuba que simboliza el hambre y la desesperación. Durante la jornada, agentes del Ministerio del Interior (MININT) y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), junto a civiles afines al régimen, intentaron intimidar a los ciudadanos, grabando las manifestaciones y reforzando la vigilancia.
El arresto de Mayelín Carrasco, de 47 años, se produjo luego de que denunciara públicamente la falta de alimentos básicos como leche y huevos, así como la escasez de recursos para cocinar. Su detención agravó el malestar social en una comunidad ya golpeada por la crisis económica y alimentaria.
Pese a la represión, la tensión sigue latente. El régimen, en un intento de minimizar la protesta, difundió imágenes de las calles vacías afirmando que “la paz y la tranquilidad son el reflejo de nuestra fortaleza como pueblo”. Sin embargo, las advertencias de las autoridades dejan claro que no permitirán nuevas expresiones de descontento.
La primera secretaria del Partido en Granma, Yudelkis Ortiz Barceló, justificó la represión y apeló al sacrificio de la población, asegurando que “la revolución no les quitará nada de lo que les ha dado”, una declaración que contrasta con la creciente miseria que enfrentan los cubanos.
Mientras tanto, la escasez de alimentos y los apagones continúan afectando gravemente a la isla, donde millones de personas sobreviven en condiciones cada vez más críticas, sometidas a la represión y a la falta de esperanza en un futuro mejor.