En medio de una grave crisis energética que castiga a la población cubana con constantes apagones, el régimen de La Habana vuelve a apoyarse en Rusia para sostener su colapsado Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Según informaron medios oficialistas, Moscú financiará la construcción de una nueva unidad de generación eléctrica en la Central Termoeléctrica Ernesto Guevara de la Serna, ubicada en Santa Cruz del Norte, provincia de Mayabeque.
Este nuevo bloque contará con una capacidad de 200 MW y se sumará a la modernización de tres unidades adicionales de 100 MW cada una. Todo el proyecto será financiado a través de un crédito ruso, otro ejemplo del respaldo económico que el Kremlin continúa brindando al régimen cubano pese a las sanciones internacionales y su propia situación económica.
La iniciativa fue presentada como un paso hacia la “recuperación” del SEN, aunque en la práctica se traduce en una nueva dependencia tecnológica y financiera de una potencia extranjera. Durante una visita oficial al sitio de construcción, el embajador ruso en Cuba, Víktor Koronelli, reafirmó que el fortalecimiento del sistema eléctrico cubano es una “prioridad estratégica” para su país, dejando claro el interés geopolítico detrás del proyecto.
Acompañado por dirigentes del Partido Comunista en Mayabeque, Koronelli recorrió las instalaciones en Boca de Jaruco, donde también se llevará a cabo la rehabilitación de una de las unidades existentes. Las autoridades del régimen celebraron el acuerdo como un logro, mientras los ciudadanos siguen enfrentando largas jornadas sin electricidad, sin combustible y con un sistema energético que se desmorona.
Más allá de la infraestructura, Rusia ha proporcionado créditos adicionales para la compra de combustibles y piezas de repuesto, reforzando su papel como principal aliado del gobierno cubano en momentos en que el país enfrenta su peor crisis económica en décadas.
Este proyecto, lejos de representar un beneficio directo para el pueblo, profundiza el control estatal sobre los recursos energéticos y posterga las soluciones estructurales que Cuba necesita urgentemente: transparencia, inversión extranjera real, y un modelo que no dependa de favores geopolíticos.