En medio de una nueva oleada de violencia en Ucrania, Donald Trump calificó al presidente ruso Vladimir Putin de estar “totalmente loco”, tras los recientes ataques aéreos masivos contra civiles ucranianos. Sin embargo, el expresidente estadounidense y actual aspirante a la Casa Blanca aún no ha tomado medidas concretas, como imponer nuevas sanciones a Moscú, lo que ha generado una ola de críticas internacionales.
Durante tres días consecutivos, Rusia ha lanzado más de 350 drones y misiles, en lo que Kiev ha descrito como el mayor ataque aéreo desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. La ofensiva ha obligado a miles de civiles a buscar refugio bajo tierra mientras el país entero enfrenta una intensificación brutal del conflicto.
“¡Putin se ha vuelto absolutamente loco!”, escribió Trump en su red Truth Social. “Siempre dije que quiere toda Ucrania, no solo una parte, y parece que tenía razón. Pero si lo intenta, eso llevará a la caída de Rusia”.
El mandatario ucraniano, Volodymyr Zelensky, respondió exigiendo “sanciones aumentadas” y criticó duramente la falta de presión real sobre el Kremlin: “Putin desprecia al mundo. Mientras se insiste en el diálogo con él, los ucranianos mueren”. También pidió el congelamiento total de los activos rusos y la paralización de su comercio petrolero.
Por su parte, Emmanuel Macron, presidente de Francia, urgió a Trump a convertir sus palabras en acciones. “Trump comienza a ver las mentiras de Putin. Espero que su enojo se traduzca ahora en decisiones concretas”, declaró Macron.
Aunque Trump ha insinuado estar considerando medidas más duras, hasta el momento no ha habido señales claras de sanciones inmediatas. El Kremlin restó importancia a sus declaraciones, calificándolas de “emocionales” y agradeciendo los intentos fallidos del expresidente por promover la paz, esfuerzos que Moscú ha bloqueado sistemáticamente.
En Alemania, parlamentarios como Johann Wadephul consideraron los bombardeos rusos como un “insulto directo” a Trump, quien según dijo “intentó llevar a Putin a la mesa de negociación”. Pero esas gestiones no han producido resultados, y para líderes opositores ucranianos, como Kira Rudik, esa estrategia ha sido un callejón sin salida: “Lo único que esperamos ahora es que EE.UU. pase de la retórica a una política de paz con fuerza”.
Trump había presumido en el pasado que podría terminar la guerra en 24 horas, e incluso sostuvo recientemente una llamada de dos horas con Putin, que describió como “muy buena”. No obstante, la escalada bélica de esta semana ha dejado claro que el Kremlin no tiene interés en un alto al fuego, rechazando incluso la tregua de 30 días propuesta por Washington en marzo.
Mientras las bombas siguen cayendo sobre Ucrania, la presión internacional crece sobre Trump, quien deberá decidir si pasa del discurso al castigo económico real contra un Kremlin que, lejos de retroceder, parece más decidido que nunca a aplastar la resistencia ucraniana.

